MEGAMINERIA EN SAN JUAN. TESTIMONIOS DE UN ASCENSO AL PROYECTO MINA VELADERO, DEPARTAMENTO IGLESIA

Un des-encuentro con el Sr. Barrick.

Carina Jofré

Lic. en Arqueología

Los textos que aquí  presentamos en este espacio de nuestro blog son testimonios de integrantes del Colectivo de Arqueología: Cayana, quienes en Enero de 2010 pudimos tener acceso a visitar la Mina Veladero en el Departamento Iglesia, San Juan; mismo lugar en donde hallamos comprometidas nuestras tareas de investigación-acción-militante desde el año 2006. Hemos querido compartir esta experiencia con los lectores visitantes de nuestro blog, transmitiendo nuestras reflexiones, emociones y críticas sobre la realidad mega-minera en la provincia, particularmente sobre sus efectos en las comunidades afectadas.

Es absolutamente necesario decir que nuestra visita al Proyecto Mina Veladero se realizó en el marco de un programa de visitas que la empresa Barrick Gold realiza en fechas específicas del año. En estas visitas, en teoría abiertas a todo público que lo desee con excepción de personas que hayan sido echadas de la empresa segun se nos explicó, los gestores de la minera esperan revertir y/o coptar para su beneficio económico  la opinión pública, invirtiendo para ello un gran despliegue en esta actividad de promoción social de la empresa.

Nuestro interés principal era conocer la dimensión de la afectación ambiental del proyecto megaminero en el lugar  y visitar los sitios arqueológicos impactados por las obras de la mina, los cuales conociamos por medio de la información divulgada por los propios informes presentados por la empresa a los organismos estatales de incumbencia. Como arqueólogos-antropólogos, sociólogos, trabajadores sociales, entre otros,  resultábamos para la empresa una masa crítica interesante para coptar. Fue quizás esta la razón por la cual sin mayores problemas, y con una inmediatez inesperada, pudimos acceder a un viaje al Proyecto Veladero junto a otros pobladores de la zona, especialmente respresentantes de la Cámara de Comercio de Iglesia, y turistas procedentes de Buenos Aires y otros lugares.

Para poder acceder al proyecto, la empresa establece ciertos requerimientos previos, tal como es un taller informativo anterior al ascenso. Asistimos a dicho taller (en un número de diez personas, integrantes del Colectivo Cayana) y allí pudimos tener primer contacto directo con un discurso endeble y contradictorio de los representantes de la empresa. Estos últimos recurrentemente tendían a desprestigiar nuestros conocimientos previos de la empresa transnacional, del proyecto y de la situación megaminera en la provincia y el país. En muchas ocasiones las contestaciones del personal de la empresa a cargo del encuentro tendío a neutralizar nuestras preguntas y reflexiones tildandolas de “opiniones” sin fundamento, y en muchas otras ocasiones el recurso consistió en neutralizar nuestras intervenciones decreditándolas como “opiniones desinformadas por el internet y provenientes de no lugareños extraños en la comunidad”. Este mecanismo de extrañamiento sobre nosotros operaba afianzándose en la retórica “localista de la empresa”. Bajo la cual estos agentes de Barrick se presentan como “parte de la comunidad”, ya sea porque pasan mucho tiempo trabajando en el lugar, o por ser pobladores de la zona contratados por la empresa. Por razones claras, esto puede entenderse como una estrategia de la empresa para enquistarse localmente a través de vínculos empresariales de parentezco, estableciendo así  ficticias relaciones comunitarias tendientes a velar por la seguridad y bienestar de “una gran familia”, en palabras de los agentes de la empresa.

Nuestro ascenso se llevó a cabo en el marco de un ambiente tenso dado por un mal pronóstico meteorológico que alertaba de tormentas y bancos de nieve que ponían en riesgo las comunicaciones y con ello nuestra visita. Este clima adverso no nos permitió realizar el recorrido normal que la empresa tiene programado para sus visitantes. La visita, que esperábamos contara con el avistaje de sitios arqueológicos afectados en la Mina y a lo largo de su camino de acceso desde el By Pass de Tudcúm, fue restringida a un mínimo de lugares tuviendo que estar casi 18 hs. arriba de la incomodidad del omnibús que nos transportaba. Se nos explicó que estos inconvenientes implicaban mayores precausiones de seguridad. Lo cierto es que estando sólo a 50 metros de los sitios arqueológicos se nos impidió acceder a ellos para conocerlos, dar cuenta de sus cualidades, y ver su real estado de impacto. Contrario a esto, nuestra visita se limitó a charlas de técnicos e ingenieros a cargo, siempre arriba del colectivo. Mientras de lejos, y a través de las ventanillas opacadas por nuestro propia respiración, veíamos los piletones de concetraciones cianuradas regadas por sistemas de goteo, las monstruosas acumulaciones de escombreras y la gran pirámide escalonada que es el gran pozo abierto de donde se extrae  a través de enormes voladuras el oro en micronésimas partes en toneladas de sedimentos de composición variada.

A nuestras constantes preguntas se nos respondía con renuentes respuestas tales como: “Si tienen mayores dudas enviénos un email porque el viaje debe continuar y el resto del publico visitante quiere proseguir con la visita”. Tampoco faltaron las ironías de parte de la geóloga que nos servia de coordinadora y guia del viaje: “A su derecha pueden ver guanacos sin temor a los vehiculos, por ello tenemos un premio en reconocimiento de nuestra labor ambiental con la fauna local. Como ven los guanacos no tienen ideología, jajaja…”.

 

Mundo Barrick

María Belén Guirado

Lic. en Sociología

“Nos concentremos en explicar el proceso, evitemos el desconocimiento y el rumor…”

(Sr. Relaciones Institucionales de Veladero)

El discurso está atravesado por la idea de una “economía ética”, donde el cuidado ambiental y la promoción social cotizan en el mercado de valores. Entonces, felizmente, cuestiones sensibles como “la solución cianurada” ó la combustión de 198000 litros diarios de combustibles, tiene una serie de tratamientos técnicos que protegen el medio ambiente, primero, porque significa una rédito económico al evitar perdidas en éstos. Redondo, a ellos les reditúa económicamente “cuidarnos”. ¡Bienvenidos a mundo Barrick!

En la discusión, su defensa consiste en la desacreditación de quienes lo interpelan, con cuestiones como “son de afuera”, “están de paso”, “se manejan con información sin fuentes” (se trata de jóvenes cientistas y estudiantes avanzados de la Universidad de Catamarca, de Rosario, y de San Juan). Aquí se deja ver el recurso al localismo, al escencializar la identidad sanjuanina asociándola al pensamiento sarmientino que visionó la explotación minera en la provincia y en el país. Discurso que, dicho sea de paso, esta orquestado desde los medios (todos lo medios de llagada masiva), en el discurso político diario, y hasta en cuestiones más sutiles como la fiesta del sol, o el cruce sanmartiniano.

El debate, siempre fructífero, aún atemperado por el señor de relaciones institucionales de Barrick, sigue encendiéndose, ya no son sólo los “chicos” de la universidad, se suma a la crítica una pareja de “porteños respetables” a los que nos les cierran los números ni la formas de expresarse del agente de la empresa a cargo de la charla previa al ascenso a la Mina. El tema se hila más fino, y el concepto de ética se vuelve central. ¿Qué es ético? El lucro y la ética son compatibles según él. Vuelve a desarrollar el circuito cerrado de mundo Barrick, que hace pie en cuestiones técnicas de “ingeniería de prevención”, y asegura “no hay un solo glaciar cercano a Veladero”. Luego agrega que el mayor porcentaje de trabajadores en Veladero son cuyanos y que, lógicamente, a ellos les interesa que el ambiente se cuide porque “aguas abajo” están sus familias, esa es la garantía (además de la “autoridad minera” que controla mensualmente). La discusión no deja de reavivarse y ante las interpelaciones referidas a lo ético el agente de relaciones públicas de Barrick remata diciendo: “llámenle ética, ¡llámenle como quieran!…”

Finalmente en la charla se logra pasar a la inversión socioproductiva que hace Barrick en sus zonas de influencia, las cuales gentilmente ha extendido tomando todo Iglesia y Jáchal, porque en realidad no les corresponde más que unos varios kilómetros a la redonda, explica. Acá resulta que Barrick es todo un bienhechor, además de hacer semejantes inversiones de riesgo en países impredecibles económica e institucionalmente, generando un crecimiento económico en la provincia histórico (y cita los titulares de Diario de Cuyo), además… nos pagan regalías! Porque resulta que en otros países, “avanzados” (no aclara cuáles, ni cómo), la explotación minera se paga con la reactivación económica que su instalación genera: miles de puestos de trabajo, aumento de los ingresos, y todo eso. Asique parece que acá, en Argentina, se pusieron duros y tuvieron que acceder a pagar regalía, una vergüenza.

Como ven, el señor abandona el orgullo del “ser sanjuanino”, y se sirve de un discurso fuertemente denigrativo a la cultura nacional en oposición a la ética empresarial de Barrick, representante del primer mundo. Cuenta, por ejemplo, que acá en Rodeo, además del hospital que “no tenía ni odontología” (se les pasó hacer una hospital de cirugía intermedia, ya que el más cercano está en Jáchal), y aún más, “se bajó internet a esta gente que no lo conocía, a riesgo de que se utilice de mala manera”. Agrega que se apoya el desarrollo agrosustentable de estas localidades: “para cuando la minera no esté se apalanquen solos”. Apoyan la producción de miel, el turismo, la ganadería (resulta que hasta la soja nos beneficia localmente), también se meten con los artesanos. A estas alturas la conclusión es obvia: “las regalías son apenas la cobertura de chocolate de la torta de inversión”, y encima “las regalías terminan mal usadas por problemas de civismo en América Latina”, lamentable.   

Subimos a Veladero, la atención excelente, las instalaciones, y sobre todo los mecanismos de control y seguridad, insuperables, dignos de las últimas normas ISSO. Experimenté la belleza y la imponencia de aquellas montañas y entendí que éstas solo pueden ser de quien no las pretende poseer, aquellos que inscriben de una u otra forma su historia en esos paisajes, los mismos que hoy comparten con el resto de sus comprovincianos la expropiación de su autonomía en esas tierras. El colorido de ese paisaje rocoso dolía profundamente al tener en frente, como un espejo roto, el mismo cerro tumbado, destruido. Veladero obtiene 1.5gr de metal doré (mezcla de oro y plata) por tonelada de roca. De diez voladuras de bancos de 14 metros de alto y 7 de ancho de montaña, sólo de dos ó tres de éstas se puede extraer el preciado metal. Hay 300 litros de mercurio, declarados por Barrick, estacionados allí sin que puedan ser ubicados aún en el mercado.

No es posible disfrazar la destrucción.

Soledad Biasatti

Lic. en Antropología

Un relato sobre el ascenso a la mina Veladero (Departamento Iglesia, San Juan) el día 27 de enero de 2010 en el marco de las “visitas comunitarias”[1] organizadas por la misma empresa  que tiene a cargo la explotación (Barrick Gold, empresa canadiense).

 El enorme agujero escalonado que ha quedado luego de las sucesivas voladuras está ahí. Ya es enorme pero sigue creciendo. Según nos informan, todos los días después de las 14 horas se dinamitan los cerros para extraer el oro y la plata. La proporción es de 1,4 gramos de oro y plata mezclados que se extrae por tonelada de roca que vuela por los aires. Roca que será triturada “hasta el tamaño de un damasco” y será llevada al valle de lixiviación, donde se separa el mineral buscado “mediante una solución que tiene una concentración muy baja de cianuro de sodio, 0.05 por ciento (0,5 gramos de cianuro por litro de agua)” según folletería entregada por la empresa en el ascenso. Ellos aseguran, asimismo, que poseen certificaciones internacionales para el manejo, trasporte y utilización de cianuro ¿cómo saberlo?¿cómo ver si cumplen con dichas normas? Recordemos que es zona de sismos y que constantemente se está dinamitando, lo cual nos hace temer que esos piletones pueden resquebrajarse. Nos dicen que, debajo de estos piletones de soluciones cianuradas se encuentran las 4 capas que evitarían que ese líquido se filtre a las napas de agua o escurra por el cerro. Pero no pudimos verlo.

La planta Veladero de Barrick Gold utiliza para su proceso 110 litros de agua por segundo, proveniente del río Las Taguas (una tercera parte de lo que necesitará el proyecto mega-minero binacional de Pascua- Lama entre Chile y Argentina que extraerá oro, plata y cobre). La explotación es a 20 años, les quedan unos 17 aún de “vida útil” a la mina ¿qué sucederá luego? De todos modos, según nos informan,  tienen un circuito cerrado de afluentes/efluentes, donde es extremado el uso y el cuidado en relación al agua. Pero tampoco pudimos ver eso. Esas son algunas de las cifras, esos son los datos “objetivos” según los representantes de la empresa.

Dicen, también, que “van a dejar todo como estaba” porque han sido aprobados, oportunamente, en sus informes de impacto ambiental toda una serie de “medidas de mitigación” entre las cuales se encuentran el reencauce de los ríos y el programa de revegetación de vegas, entre otros Estos informes aprobados por los distintos organismos de control estatales a nivel provincial y nacional, fueron hechos con el previo acondicionamiento de la plataforma legal iniciado durante la década de los ’90. Lamentablemente ellos se escudan en eso, están dentro de aquella legalidad que supieron comprar y construir desde hace muchos años a través de un Estado corrupto, de unas políticas económicas extractivas y, en muchos casos, de una sociedad que desconocía lo que significaba este tipo de explotaciones a nivel social, ambiental, arqueológico. Prometieron trabajo a las comunidades “afectadas”, mejoras en su “calidad de vida” gracias al progreso que este tipo de mega proyectos pueden traer a la región, todo esto atravesado por discursos acerca de la “estructural” pobreza local y  de la imposibilidad de desarrollo en comunidades tradicionales y/o apegadas al pasado y a las prácticas rurales. Tampoco pudimos ver dicho “progreso” ni las proporcionales inversiones de las riquezas extraídas.  También dijeron respetar los sitios arqueológicos que caían dentro de su jurisdicción, no pudimos verlo, pero… ¿cómo creerles a estos señores tan preocupados por el progreso que tengan reparos y cuidados con el pasado?

Se creen dioses que arman y desarman la cordillera a su antojo, como si fuera una maqueta: sacar y poner ríos de su cauce, repoblar la zona de animales (guanacos, aves, etc), trasladar glaciares, recrear la vegetación de las vegas y los ecosistemas que éstas sostienen, destruir un cerro y rearmarlo como castillitos de arena… pero esos castillitos de arena, serán armados con las rocas que han sido rociadas con cianuro durante los 20 años de explotación que haya realizado la mina. El proceso para limpiar esas rocas será a través de un lavado con otra solución que inactive el cianuro. Esa fue la respuesta que nos dieron en la planta, aún no entendemos bien de qué se trata ese lavado y tampoco nos pudieron dejar en claro dónde irá el agua desecho de ese lavado.  Todo eso no podemos verlo, las mangueras que trasportan los líquidos van bajo tierra, los circuitos donde captan el agua y desechan el agua son cerrados, los lugares de la mina a las que nos llevaron fueron los que ellos quisieron mostrar, las cifras que nos dan son sólo números que ellos pueden delinear porque no tenemos modo de comprobarlo. La indignación, bronca y tristeza que de quienes subíamos -y que nos bajamos- de la mina fue acrecentada por el hecho de sentir que no nos llevaron a ver nada, porque gran parte de lo que afirman en sus discursos no es posible de ver. Creer en lo que dicen parece ser una cuestión de fe (y claro, si se creen dioses…)…pero aunque tampoco presenciamos las explosiones, pero sí vimos sus consecuencias… El  enorme agujero está ahí y no es posible disfrazar esa destrucción detrás de discursos de progreso económico, legalismo, responsabilidad ambiental, salud, desarrollo y seguridad.  Nos queda grabado en la retina y en la memoria, casi lo único que pudimos ver y que tanto impacto nos causó –aquello que no nos contaron sino lo que estaba ahí frente a nosotros- : ese agujero que sigue creciendo… hay que ir y verlo para “formarse una impresión directa, libre de intermediarios”.

Cuando la mina está instalada se hace casi imposible volver atrás. Por eso lo que aprendimos – y de lo único que nos convencimos – en esta visita a la mina Veladero es que la única opción posible frente a este tipo de proyectos es el NO a la mina (hemos visto con casos en nuestro país que esto es posible: Famatina, Andalgalá, Esquel), no traen “progreso” y no son proyectos de “minería responsable” porque no son responsables ni con el ambiente (ni con el aire, ni los ríos, glaciares, hielos, animales, plantas, ni rocas, etc), ni mucho menos con las poblaciones que “afectan” directa e indirectamente, ni con el pasado y presente y – sobre todo – no son responsables con el futuro.

 Fotografias del Colectivo de Arqueología Cayana tomadas en la visita a la Mina Veladero, Enero 2010.

 Esta NOTA TAMBIÉN PODES ENCONTRARLA PUBLICADA EN diariodelchango.com

Notas


[1] Según folletería entregada por la empresa en su programa de visitas comunitarias invitan “a grupos para que conozcan emprendimientos mineros a través de una jornada de visita intensiva, formando impresiones directas, libres de intermediarios. Llevamos a más de 500 visitantes por año.”

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